Mi Kindle

Foto de Kindle Paperwhite y al fondo tres libros de Sarah Lark.
Esta Navidad Santa se lució con este regalito 🙂

Esta última navidad Santa Claus se acordó de mí y me regaló un Kindle Paperwhite. Estoy tan encantada con el aparatito, que el día de hoy les voy a hablar de todas sus maravillas.

El Kindle es el lector de libros electrónicos (eReader) fabricado por Amazon, siendo mi Paperwhite, uno de sus modelos de última generación. Aunque los eReader no son nuevos, todavía no son algo muy común en mi país, a pesar de su practicidad.

La guerra y competencia de los eReaders ha sido casi tan activa como la de los smartphones y tablets; ha habido varias compañías, entre ellas librerías, que sacan su propio eReader con tal de hacerse de un usuario que les esté comprando libros constantemente a través del aparato.

eReaders: Nook, Kindle, Sony Reader
De derecha a izquierda: Nook, Amazon Kindle de primera generación, Sony Reader, iPad y iPhone. Realmente no consideraría a estos 2 últimos como eReader, su propósito para leer libros no es el principal y necesitas el uso de una App especializada, como Gerty.

Y a pesar de ello, muchos eReaders se estancan, ya que no se les invierte en mejoras para nuevos modelos o se les deja de dar soporte, como fue el caso de mi nook, el eReader fabricado por Barnes&Noble.

Libros de Sarah Lark
Los libros impresos tienen su encanto, algo que me gusta, es apreciar el arte de sus portadas. Sin embargo, cuando son libros extensos como los de Lark, comienzo a considerar su versión digital, pues no ocupan espacio y son muchísimo más baratos.

Antes de mi Kindle, yo me consideraba más como una lectora de preferencias tradicionales, o séase, de aquellos que no se “acomodan” tanto con un eReader. Creo que los libros impresos tienen su encanto, nada sustituye la sensación de tocar y sentir la textura de las hojas, apreciar el arte de la portada o el olor que despide el papel cuando es nuevo.

Claro que eso es sólo con determinados libros, hay ediciones baratas(1) cuya portada es horrenda y papel tiene un olor que no es nada agradable, además de que sus tonalidades van desde el amarillo enfermizo hasta el café.

Mi Kindle es un eReader con el que finalmente me acomodo, pues no sólo satisface mis necesidades de consultar vocabulario, sino que también me permite escribir notas en las frases que subrayo, mismas que puedo consultar después, exportar o compartir.

Además, mi Kindle también es capaz de sincronizarse con mi cuenta de Goodreads, una comunidad de lectores que, convenientemente, Amazon adquirió hace no mucho. De esta forma, puede utilizar mis datos y preferencias para ayudarme a descubrir nuevas lecturas.

Y con esto último sólo quiero mencionar que el Kindle como eReader tal vez sea incapaz de darnos la agradable experiencia sensorial que nos otorgan ciertas publicaciones impresas, pero la reemplaza fácilmente con la experiencia social.

Subrayando en el Kindle
El Kindle Paperwhite es capaz de otorgar la experiencia social al lector, pues puedes compartir notas de un libro, además de que te informa cuántas veces ha sido subrayado algo.

 

Con mi Kindle, como se espera de todo dispositivo moderno, no sólo puedo compartir los párrafos que subrayé o mis notas a través de redes sociales, sino que, también me muestra las partes del libro que otras personas han subrayado y cuántas veces han sido subrayadas.

Es un detalle que parece muy sencillo e insignificante, pero le otorga al lector un sentido de pertenencia recordándole que no está solo. Yo por lo menos así lo percibo, pues si es una frase que yo también pensaba subrayar me hace sentir una afinidad, casi esotérica, con aquél ser que no conozco y que lo subrayó primero. Y revisar los subrayados de los demás me pone a reflexionar por qué les parece importante esa parte. En fin, una sensación que que me cuesta trabajo expresar.

Pues por el momento, eso es todo lo que tengo que decir, estoy muy contenta con mi Kindle, Santa se lució este año.


  1. Barato es sólo un decir, ya que por muy económica que resulte una edición, casi siempre termina costando más o igual que su contraparte digital.