Recibiendo al 2017

Para mí, la primer semana de enero consiste en disfrutar de las últimas frivolidades de las festividades decembrinas, tales como: estrenar lo que te trajo Santa Claus o lo que obtuviste en los intercambios, invocar al amor o al dinero con bragas rojas o amarillas, seguir disfrutando deliciosos recalentados y la sidra que sobró, mientras te preparas para concluir con la deliciosa rosca y chocolatito caliente del día de reyes. Y después de eso, ir al gimnasio, ahora sí.

Usualmente, estos días suelen ser tranquilos y en el ambiente se respira un aire lleno de optimismo. La gente no para de hablar de los propósitos que ahora sí van a cumplir y pensar en el futuro evoca un sentimiento de motivación.

Pero este no parece ser el caso esta vez. En este 2017 pensar en el futuro, lejos de traer felicidad, te lleva al vórtice de pesimismo e incertidumbre, todo derivado de los acontecimientos que ocurrieron en los últimos 2-3 años.

Y es que pareciera como si el mundo se hubiera vuelto loco, metida tras metida de pata lo han sumido en una volatilidad económica que nos tiene a todos incómodos. Y entonces, aquí estamos, mirando al 2017 como si fuésemos a enfrentar al Apocalipsis, ahora sí.

Yo por mi parte, me encuentro recibiéndolo con una terrible congestión nasal y dolores cortados, grata cortesía de alguien que no se quiso vacunar o cubrir la boca al estornudar. Y mientras hago un esfuerzo de guardar reposo para permitirle a mi cuerpo expulsar los malditos patógenos que me tienen sintiéndome como papilla, no dejo de recibir noticias del mentado gasolinazo.

Y lo que me molesta del evento, no es tanto el aumento en el precio de la gasolina, sino los mugrosos estragos que está causando toda esa gente que parece haber olvidado que vivimos en el siglo XXI y no en la época medieval. Y es que, el alto incremento en el precio de la gasolina (alias gasolinazo 2017), es de los menores males que nos toca enfrentar en este año y los siguientes.

Y todavía, entre las turbulencias económicas, incertidumbres, violencia y pánico tenemos al cambio climático amenazándonos con borrarnos como especie.

Con todo esto sucediendo al mismo tiempo, es de esperarse sentirse abrumado y dejarse contagiar por la negatividad popular, pero por mucho trabajo que me cueste, por mi parte he decidido no preocuparme de más y mucho menos por cosas que no están en mi control. Definitivamente hay problemas presentes y retos que tendremos que superar, pero nada que nos mate (excepto tal vez, el cambio climático).

A final de cuentas todo siempre es relativo, lo que nos espera a continuación va a ser tan bueno o malo como nosotros decidamos que sea y lo importante es que decidamos ser parte de la solución y no de los problemas que nos acongojan.

He aquí un mensaje positivo ante tanta locura. Era algo que quería escribir antes de que el cielo nublado, el frío o el resfriado hicieran que se me olvidara. ¡Feliz año y a darle!